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Miura y Pepe Moral, grandes triunfadores en Utrera

Pepe Moral y Manuel Escribano, salieron por la Puerta Grande tras cortar tres y dos orejas respectivamente.


Rafaelillo con el peor lote cortó una importante oreja al difícil cuarto de Adolfo Martín.



Tres de Miura:


“Charrán” de Miura, abrió la tarde para Rafaelillo. Un precioso salinero al que el murciano lo recibió de forma solvente en el saludo. Desde ese instante se apreció la justeza de fuerzas del abreplaza por lo que se cuidó en el piquero. Por ello, afloraron algunas protestas para su devolución pero el usía no quiso atenderlas. Ante un primero mermado de poder, Rafaelillo tiró de oficio y lo muleteó con decoro por ambos pitones sin que aquello cogiera vuelo por la nula transmisión. Destacó una tanda a diestras con mucha suavidad y pulso. Estocada, silencio.


Con una larga cambiada de rodillas recibió Escribano al segundo de la tarde lanceando a la verónica ante unas embestidas de “Alpistero” a saltos. Tomó dos varas con bravura y emoción, empujando con los riñones siendo aplaudido Juan Francisco Peña. Con oficio y brillantez banderilleó Escribano al toro destacando un segundo par de dentro a afuera y el tercero al quiebro dándole las ventajas. Sacó nobleza en la muleta el de Miura que aprovechó un entregado Escribano. La faena fue de menos a más llegando los mejores momentos al natural con el de Gerena metiendo riñones y corriendo la mano. Finalizó la faena con unas manoletinas ajustadas que calentaron los tendidos. Estocada entera. Dos orejas.


“Abejero” de Miura, primero del lote de Pepe Moral. El sevillano recetó un par de largas cambiadas y ramillete de verónicas de mucha compostura. Un toro del legendario hierro que embistió con bravura al varilarguero y metió riñones. Gran pelea en varas con Francisco Romero. El palaciego hizo honor a su “eslogan” el natural eterno y lo interpretó en todo su esplendor a un tercero que embistió de dulce -en Miura- a la poderosa muleta de Moral. A derechas exigencias y largura en series muy bien construidas. Esté lo brindó al respetable. Al final de labor adornos con molinetes sentidos y uno de firma de extraordinaria ejecución. Estocada y dos orejas para el sevillano, y vuelta al ruedo para “Abejero”.



Tres de Adolfo Martín:


“Comadrón” de Adolfo Martín, hizo cuarto. Varios afarolados de rodillas y abanico de verónicas con cadencia. Se empleó en varas. ‘Lipi’ se la jugó en banderillas y ahormó dos grandes pares que le obligaron a saludar. Precioso tercio. Brindó el maestro a Manolo Bajo y Domingo Valderrama -ganadero y representante de Las Monjas- un toro que resultó humillador pero que se revolvía sobre las extremidades delanteras. Se quedaba debajo de la taleguilla sin pasar y frenado aunque a Rafaelillo aquello no le hizo dudar. Maestría y muchos reaños para fajarse con toda su verdad ante semejante astado. Demostró una vergüenza torera titánica jugándose el tipo en cada transparente embroque. Se vació y todo lo hizo en los medios con un muletear -capaz donde los haya- por ambos pitones. El pinchazo previo antes de la estocada le privó los dos apéndices. Oreja.